28 enero, 2018

No subrayo mis libros, pero los tiro

Fotografía tomada de El País


No subrayo mis libros.
No escribo en los márgenes.
No uso post-its.
Mucho tiempo pensé que eso me hacía una mala lectora. Ni siquiera podía excusarme diciendo que rayar libros estaba mal, porque no me lo parece.
Lo que sí hago es regalar mis libros favoritos o prestarlos mucho. 
Alguna vez intenté rayar mis ejemplares o señalar de alguna manera mis citas favoritas, pero fue algo que duró muy poco, si acaso diez lecturas. Y no era que me sintiera mal haciéndolo, sino que se me olvidaba.
Cuando encuentro alguna cita que me gusta, lo que hago casi siempre es tuitearla. O escribirla en mi diario. También intenté llevar una libreta de citas literarias, pero no llené más de dos páginas. Aunque eso sí, de mis lecturas en digital realmente disfruto subrayar lo que más me gusta, me parece tan sencillo de hacer que lo hago. Y no es que subrayar con pluma o lápiz no sea sencillo, sino que nunca cargo alguno porque la mayor parte del tiempo que dedico a leer lo consumo en el transporte público. Y con tanto movimiento, se vuelve difícil la maniobra. Y, sobre todo, se me olvida. Les digo que se me olvida.
Algo de lo que sí me jacto es que muchas veces los libros se me caen. Los tiro sin querer en el metro, al bajar de la combi o mientras leo en el jardín. Se me han caído libros en charcos y también han sido pisados por transeúntes o aplastados por las puertas del transporte público. A veces los dejo en mi regazo y se me olvida que los tengo ahí cuando me pongo de pie (una vez perdí uno de esa manera, ni siquiera me di cuenta cuando se me cayó). Entonces se azotan. Pobres de mis libros porque quedan manchados o con páginas lastimadas y me duele. Pero luego se me olvida. Y luego me acuerdo cuando los vuelvo a ver y siento una especie de emoción, algo como: "Ah, ese libro estuvo bien leído".
Eso sí, cuido con mi vida los ejemplares de otras personas porque conozco lectores que aman tanto sus libros que una sola mancha los pone mal. A mí no, la verdad. 
Creo que la relación que cada lector elige con sus libros es válida, cada quien va explorando y tomando lo que mejor le funciona. Yo pasé por varias etapas antes de decidir definitivamente que eso de subrayar mis ejemplares simplemente no se me daba. Y tengo amigos que también tuvieron un proceso para admitir que lo de ellos sí era escribir en los márgenes y cosas así. El chiste, pienso, es ir experimentando. No creo en la sacralización de los libros, es decir, no me parece que sean objetos intocables, así que si no los rayo es sólo porque no se me da. Pero igual respeto a los lectores que dicen: "Cuida con tu alma este libro porque es muy importante para mí, espera, mejor no te lo presto". 
¿Cómo vuelvo míos los libros? Leyéndolos. Y creo que nada más. Bueno, y maltratándolos sin querer... un poco... Los que más me gustan no duran mucho conmigo, me afano siempre en que más personas los lean.
Desde cuándo tengo ganas de hacer un libro viajero, ése sí lo rayaría porque es el chiste, reunir las impresiones de todos los lectores en sus páginas y luego revisarlo para disfrutar todo lo anotado. Un día me animaré.


Y tú, ¿cuál es tu relación con los libros? ¿Los subrayas? ¿Los cuidas mucho? Cuéntame, me alegrará leer lo que compartes.
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