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Mensaje enviado

“Tengo algo raro. Soledad. Creo que el silencio mata más que mil palabras.”

[Escrito por Abril G. Karera el 11 de Febrero de 2009]

Los dedos han realizado lo que les ordenaste, no hay nada más que hacer, aunque te arrepientas la pantalla del celular reza “Mensaje enviado”. Suspiras. ¿Cómo es que él se volvió tan indispensable? Un día despertaste y descubriste que no le habías olvidado. ¿Piensas que diciéndole todo eso en un mensaje las cosas se recuperarán? Hiciste circo, maroma y teatro para conseguir su número, ahora sólo es cuestión de esperar.

Llegas a casa, en tu mente baila lo que escribiste “Hola, soy Gaby, espero que te acuerdes de mí, te mando este mensaje porque tengo algo importante que decirte, ojala te comuniques conmigo”, ya pasaron dos horas y no has recibido respuesta. Te sientes tan desganada que te tiras en la cama y miras el techo, sin querer te quedas dormida. Te despierta el timbre del celular, por un momento se te ha olvidado lo que has hecho, pero cuando ves de quién es el mensaje el corazón te palpita furiosamente.

Claro que me acuerdo de ti, disculpa que apenas te responda es que no tenía saldo, dime cuándo nos vemos, ¿qué es eso que me tienes que decir?”, tus dedos se desplazan por las teclas “Lo sabrás el día que nos veamos, ¿qué te parece mañana?”, mientras esperas la respuesta comienzas a pensar si serás capaz de decirle eso que planeabas. ¿Podrás decirle que no lo has olvidado? ¿Que lo quieres tanto? ¿Podrás?

No voy a poder esta semana, ando muy atareado con la escuela, pero ¿qué te parece el sábado próximo?”, te quedas helada, tú no puedes esperar tanto, pero lo admites porque al fin de cuentas lo que importa es que se lo digas, “Vale, está bien, te veo el sábado en el centro a las seis de la tarde”. Listo. No hay vuelta atrás. Si ya esperaste varios años ¿qué más da esperar otros cinco días?

El miércoles tu celular suena a las once y media, “Buenos días Gaby, dime de qué se trata eso que quieres decirme, no puedo esperar al sábado”. Tu rostro no consigue ocultar una sonrisa, sientes que lo quieres más que nunca, pero debes decírselo de frente para que se te quite esa terrible sensación del pecho, “Lo siento no te voy a decir, sé paciente”. Le pides paciencia cuando tú eres la que se consume en la impaciencia.

El jueves te manda un mensaje a las cuatro de la tarde “Hola, hoy puedo ir a verte ¿te veo en una hora?”, ¡¿una hora?! ¿pero qué se ha creído?, no puedes, una hora es muy poco para prepararte mentalmente, no lo harás, además ya has planeado otras cosas… ¿o debes verlo? ¡No! Ya quedaron el sábado, que sea el sábado. “Es que ahorita no puedo, mejor el sábado como quedamos”.

Sin embargo ese mismo jueves en la noche te consumen las ganas de decirlo todo, ya no toleras ni un minuto más con toda esa confesión en la garganta, no has dejado de pensar en él, pensar que quería ir a verte, total ¿y si le dices de una vez? ¿y si se lo dices y el sábado sólo lo ves para que te dé una respuesta? Esa idea suena bien. De nuevo los dedos comienzan a desplazarse por las teclas.

Cuando decides enviar el mensaje son más de las doce de la noche, quizá ya está dormido ¿lo habrás despertado? No lo sabes, en la pantallita sólo se aprecia el “Mensaje enviado” que es a la vez prueba de que no hay vuelta atrás y pensando en eso te agarra el sueño. Al día siguiente sabes que en cualquier momento tu celular sonará, lo miras cada minuto desde que te levantaste a las cinco de la mañana. Todavía vas al CCH. A la primera hora te toca Griego. Pones el celular en la butaca mientras anotas las oraciones a traducir. Sin pensar te vas a revisar tu ejercicio con la profesora.

Cuando regresas no reparas en el celular porque te dispones a revisar otras cosas, parece sorprendente que por unos minutos el nombre de él salga de tu cabeza. A las ocho cuarenta de la mañana te das cuenta que el celular ha desaparecido. Lo buscas en tus bolsas, en el suelo, en la mochila, en la mochila de tu amigo, no hay nada, ¡nada!, te lo han robado. No sabes si comenzar a carcajearte o ponerte a llorar, ¿por qué te lo tuvieron que robar este viernes? ¿Por qué?

El sábado te paseas por el centro a la hora acordada.

No hay nadie.

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